Un año, sí, lo habréis visto, oído, leído y recordado durante el fin de semana y el comienzo de semana hasta la saciedad, un año que España fue campeona del mundo. Hace un año se impuso el fútbol a una versión beta de Holanda, una versión algo desconocida para el mundo y más si se le atribuye al
pepteam los orígenes en el
dream team de un holandés,
el flaco. Aún así España no realizó su mejor partido, igual que no realizó su mejor fútbol en Sudáfrica, tuvo la suerte que no había tenido nunca en momentos puntuales y la certeza que tampoco tuvo. Esa certeza la dio un partido en Viena, a 14.347 kilómetros de distancia. España se enfrentaba a Italia en cuartos de final, llegaba a los penaltis y había dominado el partido. Aún twitter no tenía fuerza, pero todo hacía presagiar un #tweetvintage, unas portadas con titulares a lo "Como siempre" o "Otra vez". Pero esta vez teníamos la suerte de cara, ya se vió ante Suecia días atrás y pasamos. A

nte Rusia se demostro fútbol de quilates y ante Alemania en la final se refrendó. Había triunfado el fútbol y con él los jugadores que llevaban tiempo reivindicándolo sin ser seguido. Los
Xavi, Iniesta, Fàbregas, Alonso, Silva y compañía tomaron en el mundo de fútbol la etiqueta de imprescindible como lo era un
killer o un
destructor.
En la Eurocopa se demostró que existe un camino bonito para ganar, el Barça lo ha confirmado a lo grande en los últimos años hasta el punto que Inglaterra antepone un
Wilshere a un Carrick. El fútbol ha cambiado y el centrocampista bajito que juega más con la cabeza que con los pies ha llegado. No sirve la improvisación y la seguridad en los pases, así como la velocidad en el toque ha tomado una dimensión bastante elevada. Pero aquí comienza el problema. Los campeones del mundo marcan una pauta futbolística y recordemos que Italia venció imponiendo la eficacia sobre el buen juego.

Había que cambiar el concepto del fútbol mundial y con él los planes deportivos. España lleva ventaja y
Alemania se percató pronto. Ambas están muy por encima futbolísticamente y no es de extrañar el ascenso de la Bundesliga y de la selección alemana.
Suiza lo impuso rápidamente y lo ha llevado a cabo en Mundial sub-17 y Europeo sub-21; le ha dado resultados. Todos ellos de base, pero el problema radica cuando aparecen las urgencias y no hay tiempo para reaccionar.
Ha pasado un año y llegamos a Argentina, mismas condiciones climatólogicas, grandes selecciones, una anfitriona renovada con un Messi estelar, Chile con Alexis Sánchez y el legado Bielsa, Brasil con Neymar y Mano Menezes dando un giro al fútbol con la mente puesta en Brasil 2014. Todo parecía ser espectacular, las dos potencias del continente habían caído con estrépito en tierras africanas y llegaban un año después con mucha ilusión. Arranca el torneo con la revancha del 6-1 boliviano a la Argentina, pero menos revancha de todo.

Argentina reafirmó las dudas mundialistas,
Pastore en el banco y
Banega de 10; todo un desastre que se confirma en la segunda jornada. 2 partidos y Batista perdió el crédito. Enfrente la
canarinha con el
crack Neymar, Robinho, Pato, y Leiva con Ganso por detrás.
Ganso viene de una lesión y un mes parado, solamente él da juego a la
verde-amarelha, pero no es suficiente. Llega Uruguay con Luís Suárez, Forlán descansado y Cavani en estado de gracia; además un año atrás sorprendieron e ilusionaron. Tenían a
Lodeiro de 10, pero atención, no jugó un minuto en el Ajax durante la temporada, falto de ritmo no consigue dar esa claridad al juego. Colombia da la sorpresa, y sí, ¿saben cómo?, con una actuación de nivel de
Guarín seguido de Falcao. El centrocampista de los
dragoes daba fútbol a los
cafeteros y convencían.

Segunda jornada, Uruguay y Chile se enfrentan. Partido tosco con los
celestes dominando "a su manera", a arreones y confiando en su tridente letal. Se adelantan con un fallo en la defensa chilena y una acción diferencial de Suárez para que anote Pereira. Pasan los minutos y a
Claudio Borghi se le ocurre sacar al
mago Valdivia. ¿De qué juega? de 10 y no había tenido problemas durante la temporada. La toca una vez, dos, tres, cuatro y en todas ellas juega con criterio, dando un pase favorable al compañero, ayudando al juego colectivo a avanzar líneas. De sus botas se telegrafía un pase perfecto a Beauseajour para que se la deje al
niño maravilla y con la puntera anote. 30 minutos de magia, 30 minutos en los que Chile creció, 30 minutos en los que apareció el de los 30 millones, 30 minutos en los que se pudo ver lo que necesita esta Copa América. Porque Sudáfrica 2010 no fue más que la reafirmación de una carencia mundial, la falta de dreadores de juego es notoria y por eso los Thiago, Isco, Sergi Roberto, Ander, Wilshere y compañía valen lo que valen.